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  La mística como esquema indispensable para el profeta hoy
La propuesta de la mística ecofeminista
Marilú Rojas Salazar (mstl)
Introducción
En primer lugar, es importante reconocer con honestidad que ya para nadie resulta nuevo decir que los cristianos estamos careciendo de profetismo, por lo menos a nivel institucional: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas hemos dejado en teoría cristiana el profetismo. Uno que otro laico ha mostrado su compromiso profético con la sociedad.  Y lo peor del caso es que pareciera que tenemos una consigna de apagarlo, se suscite donde se suscite y sea la persona que sea.
A pesar de constatar esta ausencia profética en las instituciones, hay que reconocer que el profetismo originalmente surgió al margen de éstas, y actualmente, se está generando en las redes sociales, grupos de defensa de derechos humanos, movimientos por la paz, los grupos de madres y familiares de desaparecidos, madres de los migrantes que denuncian públicamente los abusos que estos sufren, entre otras. Lo cual permite constatar que la idea y praxis de profetismo está cambiando. Se está pasando de un liderazgo profético único a un liderazgo profético común.
El segundo elemento a tener en cuenta es el hecho de la urgencia profética en una sociedad que se torna cada vez más violenta, menos humana, más cruel e insensible. Aunque una de las causas sean la pobreza, la corrupción, el desempleo, las pocas o nulas oportunidades de desarrollo de nuestras generaciones jóvenes, la migración, etc., lo cierto es que nada la justifica.
Otro elemento a tener en cuenta, son los pactos y alianzas con los poderes institucionales, llámense políticos, económicos, religiosos y entre sí. Estos pactos no son en muchos casos para la búsqueda del bien común y de las mayorías pobres. Los pactos entre los grupos de poder se entrelazan para convertirse en estructuras más fuertes y así vencer a sus contrarios, darles mayor fuerza a los miembros de los grupos pactantes y satisfacer los intereses de éstos.
El temor, la desconfianza y la incredulidad entre unos y otros, puede conducirnos a tomar el camino riesgoso de los fundamentalismos espiritualistas, regresar a posturas conservadoras o dictatoriales, y a militarismos exacerbados. Por lo que mi primera intención es la de aclarar ¿cómo entender el profetismo?, y las diferencias entre mística y espiritualidad, para evitar caer en posturas fundamentalistas-espiritualistas.
En segundo lugar, expresaré algunos de los elementos que podrían constituir la mística profética de cara al mundo de hoy. En tercer lugar, abordaré también el profetismo desde la perspectiva de la teología ecofeminista pues, si se quiere ser coherente hay en el fondo la necesidad de un cambio de relaciones entre los seres humanos, entre los humanos y la naturaleza, y por ende, entre los humanos-naturaleza y Dios. La razón que mantengo se basa en el principio de que no es posible abordar el tema del profetismo como algo ajeno a la situación de violencia entre las relaciones: Dios-humanidad-naturaleza (ecosistemas). Este cambio de relaciones no dominantes constituye un elemento importante de la mística.


Espiritualidad y mística

Existe un peligro reduccionista en la comprensión y praxis de la espiritualidad que se sigue constatando en muchos de nuestros ambientes católicos, llámense casas de oración, congregaciones religiosas, casas de formación, seminarios, movimientos laicales, etc. Me refiero a que la espiritualidad ha de reducirse a prácticas de oración, rezos, novenas, celebración de sacramentos y sacramentales, y celebraciones litúrgicas que a veces dejan mucho que desear. Es muy común pensar que todos nuestros males se solucionarán con más oración y más rezos o que la causa de aquéllos, sean la falta de éstos.
Con lo anterior no pretendo decir que la oración carezca de valor, ni que se deba dejar, sin embargo, hay de fondo lo que se llama una tendencia al reduccionismo, el cual, como su nombre lo indica, pretende ver desde un punto de vista más o menos cerrado la perspectiva de un solo lado de la realidad, evitando ver otras posibilidades. Tristemente se ha reducido la espiritualidad cristiana a una serie de prácticas, y se ha dejado de lado el sentido profético propio del cristianismo. Se ha reducido la oración a una especie de fórmulas mágicas que se hacen para conseguir algo: más “santidad”, mejor nivel de vida, solución a las crisis existenciales y de decisión.
¿Qué es entonces la espiritualidad? Entiendo por espiritualidad esa fuerza dinámica que surge desde lo más profundo del ser humano, le mantiene y da sentido a la vida, le da la razón de la existencia. Es la energía que nos mueve al amor, que nos causa indignación, nos provoca la resistencia ante la injusticia y nos transforma para buscar construir los caminos más equitativos, dignos y justos. “Entiendo por espiritualidad la sed de anhelar un mundo en el que todos los seres tengan un espacio de dignidad para vivir”.1
Hay quienes prefieren referirse a la espiritualidad como un camino de transformación interior, de conversión y madurez. Dicha transformación, en mi opinión, debe hacerse de cara a la realidad. Dejarse tocar por las realidades de dolor, sufrimiento, empobrecimiento, violencia, corrupción y muerte, necesariamente demandan una respuesta histórica y concreta, esto es posible en la medida que nos hacemos responsables del prójimo, el cual siempre será, en la mayoría de los casos, el pobre.
Los profetas del mundo bíblico se constituyeron en tales porque dieron respuesta a su momento histórico, el cual era muy parecido al nuestro: sistemas de corrupción, pactos entre los sistemas políticos y religiosos que no siempre beneficiaron al pueblo de Israel, la descomposición y corrupción de los sistemas religiosos, las alianzas que iban en detrimento de la calidad de vida del pueblo, injusticias, asesinatos, violaciones, entre otras, fueron las denuncias a las que hicieron frente los profetas del Antiguo Testamento (Ez 16, 39; Jr 13, 20-27; Ez 13; Os 5. 1-15).
La espiritualidad cambia en la medida en que cambia la realidad. No puede afirmarse que la espiritualidad es la misma hoy que la de antes. Jesús nos mostró el camino para constituirnos en mejores seres humanos, hermanos y hermanas, y respondió a su realidad. Hoy toca a nosotros/as encontrar las formas de no perder nuestra calidad y dignidad de seres humanos. No se puede permanecer neutro ante tanta deshumanización y violencia.
Nuestra postura siempre tendrá que ser a favor de los débiles, de los pobres, de los que sufren, de los sin voz como lo hicieron los profetas bíblicos. Así como cambia la espiritualidad, también el lenguaje profético ha de cambiar, pues las metáforas que usaron los profetas del Antiguo Testamento fueron tomadas de un molde y estructura de la sociedad patriarcal de su época. Hoy no pueden mantenerse en la misma tónica las metáforas proféticas que hacen alusión a la mujer como prostituta, infiel, pecadora, y el maltrato físico infringido a ésta como símbolo de la corrupción del pueblo y de la sociedad. Esto debe cambiar o se corre el riesgo de mantener un fundamentalismo bíblico para justificar la violencia de género.2
¿Qué es entonces la mística? En este sentido, la mística ha de entenderse como el camino que nos conduce a la mayor dignificación del ser humano para hacerse imagen y semejanza de Dios, y este es uno de los elementos más importantes que conforman la espiritualidad. La mística ha sido entendida como el grado máximo de la unión del ser humano con Dios, pero dicha unión no puede realizarse idílicamente, siempre será a través de las relaciones equitativas y dignas con los demás seres humanos, entre hombres y mujeres, entre seres humanos y la naturaleza, y de estos/as con Dios.
La pobreza, la humillación, las relaciones de dominación, la falta de calidad de una vida digna, la violencia, la violación de los derechos más elementales del ser humano son el signo más claro de la ausencia de mística, pues estas realidades nos alejan del ideal de Dios para los seres humanos.


Mística profética

¿Qué mística necesitamos? Necesitamos una mística profética, que lejos de enajenarnos, sea capaz de impactarnos con toda la crudeza de la realidad, y constatar que ésta nos supera. Nos supera porque para una realidad global, no se necesitan profetas aislados, se necesitan redes, comunidades, asociaciones y grupos de profetas y profetisas capaces de crear un movimiento de transformación global que surja desde las bases, desde las realidades de la vida cotidiana.
Una resistencia mística frente a los sistemas de globalización neoliberales que empobrecen a las masas y privilegian a unas minorías, resistencia a la injusticia, a las estructuras económico-políticas que generan desempleo, resistencia a que se pretenda tratar como objeto a los pobres, a las mujeres, a los/las indígenas, a los niños y niñas.

La resistencia añade a la espiritualidad una dimensión de tenacidad dinámica cargada de rebeldía inconformista, crítica, y de una actitud básica de confianza activa; no acepta conformarse con la mediocridad ni del mundo ni de la humanidad y pretende sanarla, cambiarla. Pretende también transformarse en defensa activa de los que no pueden defenderse y en socorro de los desheredados y de los más pobres…3


La resistencia ha de entenderse como la fuerza y capacidad de denunciar, pues hemos de resistir a conformarnos a vivir en un mundo que se cae a pedazos por la violencia y la pobreza, una vida de carencias y limitaciones. La resistencia ha de hacerse extensiva también a los discursos pacificadores, pero no constructores de la paz. La paz ha de comprenderse como el fruto de la justicia, la verdad, la honestidad, la equidad, el respeto a los derechos de los seres humanos y de lo que les rodea…
Una mística que transforme lo concreto, lo cotidiano, pues surge en ese espacio y se hace responsable de transformar lo que está a su alcance y medida, en ese sentido, podría referirse a una mística de la praxis como compromiso responsable. Una mística que surge desde lo pequeño y lo concreto, pero que no descarta la posibilidad de ir creciendo. Sin embargo, no es una mística de masas, es una mística que apuntala las transformaciones históricas en lo concreto. Una mística que conforma sujetos concretos capaces de crear redes, hacer compromisos, transformar realidades: pobres, mujeres, obreros/as, migrantes son los sujetos emergentes y responsables de hacer oír su voz.
Necesitamos una mística de ojos, mente y corazón abierto como características propias de los y las profetas. Los sistemas de pensamiento son una de las cosas más difíciles de transformar porque se fundan en los prejuicios, y se cierran a cualquier cambio. El o la profeta que se necesita hoy deberán ser gente con una mente abierta a otras formas de pensamiento, con ojos abiertos a la realidad que le interpela y con corazón misericordioso.
Ante la tentación a la involución religiosa que hoy se vive, causada por el miedo a una sociedad que cambia constantemente, se necesitan una profecía mística-inteligente de mente abierta, capaz de ser audaces y correr el riesgo de cambiar. Como lo hizo hace casi 50 años el papa Juan XXIII al anunciar proféticamente: “quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia fuera y los fieles puedan ver hacia el interior”. No es cerrando filas como se logra avanzar, ni cerrando las mentes hacia posturas más rígidas, como el cristianismo será un signo profético en la sociedad. Se necesita apertura de mente, de corazón y de actitudes.
Pongo un ejemplo de cerrazón: hay gente que escucha feminista, y enseguida lo asocia a mujeres peleoneras y resentidas contra los hombres, se les acusa de ser lesbianas y abortistas. Nada más erróneo que esto. Se hacen juicios sobre un tema que se desconoce o al cual se le pretende conocer con base a prejuicios. Este tipo de actitudes lejos de ser proféticas, pueden convertirse en el mayor obstáculo para una mística profética.
Una mística de la equidad de género, equidad de raza, equidad económica, equidad de sexo, pues mientras se mantengan relaciones de dominación de hombres hacia las mujeres, por el simple hecho de serlo, por ser indígenas, pobres o por su orientación sexual, no puede haber una mística real.
Un profeta místico nunca podrá ser alguien que denigre, domine, desprecie o utilice a las mujeres o a otro ser humano, ya sea en el orden social, político, económico o religioso. La agenda de los estudios místicos deberá tener en cuenta que una de las peores opresiones que sufren las mujeres es la de género, pero también ésta se entrecruza con la opresión de raza/etnia, color de piel, y pobreza.
La dominación patriarcal (machismo) que permanece en la base de nuestras sociedades, culturas y religiones ha sido el mayor obstáculo para la liberación y reconocimiento de las mujeres, a tal grado que pareciera que los asesinatos hacia las mujeres fueran algo “normal”, como lo ha sido también la violencia doméstica, el uso del lenguaje violento y la violación. No podemos ser místicos y místicas si no hay equidad de género, y si estas realidades, que nos deberían avergonzar, son asumidas como algo “normal” y “natural” en nuestra sociedad.


La propuesta de la mística
ecofeminista

El ecofeminismo es un movimiento que surge en los años 70, junto con los movimientos de emancipación de las mujeres. Su autora es la socióloga feminista francesa Francoise d’Eaubonne.4 Ella sostiene que muchos de los problemas sociales, económicos, políticos y religiosos tienen como causa principal el origen de las relaciones de dominación-subordinación entre los seres humanos: hombre-mujer, y entre éstos y la naturaleza (ecosistemas).
El ecofeminismo tiene como objetivo el cambio de relaciones entre mujeres y hombres, y de los seres humanos con el ecosistema, es decir, pasar de las relaciones de domino y subordinación a relaciones de justicia equitativa. Esta teoría sustenta que la separación entre cultura y naturaleza constituyó una de las bases para la dominación, exclusión y la explotación de la mujer de las poblaciones afroamerindias por ser considerados estos grupos humanos más cercanos a la naturaleza.
Dicha separación naturaleza-cultura agrupó en seres de primera clase a los hombres, a quienes se les otorgó el dominio de la cultura, la razón y poseedores de alma. Mientras que, las mujeres, indígenas y afrodescendientes se les relacionó con lo irracional, con lo material y lo natural. Así las cosas, también se generó una separación entre los seres materiales y los seres espirituales. Los seres materiales debían ser sometidos por los seres espirituales, de tal forma que se justificó el domino del hombre (ser espiritual) sobre la mujer, los indígenas, los afrodescendientes y la naturaleza (seres materiales). Esta idea ha sido la base en la que se asienta la idea de ver a la espiritualidad y a la mística como de segunda categoría en relación a la teología, y como más propias de las mujeres.
El movimiento ecofeminista no sólo pretende el cambio de relaciones de dominio entre hombres y mujeres sostenidas por una mentalidad androcéntrica-kyriarcal como causa de exclusión, explotación y marginación. El ecofeminismo también hace una crítica histórica al antropocentrismo que ha constituido al hombre como centro del universo y ha violentado, explotado abusivamente los ecosistemas en su afán de acumulación de bienes, y ha generado la mayor de las catástrofes naturales dando origen al principio de autodestrucción.5
La teología ecofeminista sostiene que es necesario desarrollar una actitud místico-profética del reconocimiento de Dios en el ser humano, en la naturaleza, en el cosmos y en todo lo que le rodea que sea capaz de cambiar las relaciones de dominación por relaciones de respeto, reconocimiento, equidad y justicia entre los hombres y las mujeres; entre los seres humanos; entre los humanos y la naturaleza. Sólo así es posible mantener una relación mística-profética en el amplio sentido de la palabra con Dios.
Se trata entonces de ser capaces de reconocer a Dios en todo lo creado, pero no romántica o idílicamente, sino proféticamente, de tal manera que se sea capaz de incidir en todos los niveles de la vida social, política, económica y cultural del ser humano. Para lograrlo se necesita una conversión de las mentalidades que sostienen consciente o inconscientemente esquemas y paradigmas patriarcales entre hombres y mujeres.


Conclusión

Necesitamos una mística profética que no se conforme sólo y únicamente con reconocer la acción de Dios en la creación. Necesitamos una mística a la que no le baste contemplar una maravillosa puesta de sol, descubrir a Dios en una flor, o ser amante del reciclaje y de lo verde. Se necesita una mística de fondo, es decir, capaz de denunciar y cambiar las relaciones que generaron el dominio, la injusticia, la explotación, la violencia y la ambición de poder, de tener y de ser.
La mística profética hoy necesita incidir en la vida social, política, económica, cultural y religiosa. Una mística de ojos abiertos para ver críticamente la realidad y descubrir a Dios en ella, en la creación, en el cosmos, en los seres humanos. Una mística de corazón misericordioso para dejarse tocar por el dolor humano y por los desastres ecológicos. Una mente creativamente abierta para aprender de los nuevos paradigmas y no cerrarse al cambio que demanda a gritos la sociedad actual.
La mística profética debe resistir a hacerse cómplice de la injusticia, sea porque no la denuncie o porque sencillamente ha dejado de afectarle el dolor del prójimo. Resistir a la tentación de la corrupción, a la deshonestidad, al camino fácil de aliarse a los poderes que tienden a acumular riquezas y explotar a otros/otras. Necesitamos una mística de la honestidad con nosotros mismos para poder serlo con los/las demás.


Marilú Rojas Salazar, es miembro de la Iglesia católica y religiosa Misionera de Santa Teresa de Lisieux, tiene la maestría en teología por la universidad católica de Lovaina, y actualmente se encuentra haciendo el doctorado en teología sistemática en dicha universidad. Ha trabajado como docente en distintas instituciones, seminarios y casas religiosas en México.
Participó como miembro del Equipo de Re-flexión Teológica (ert) de la Conferencia de Institutos Religiosos de México (cirm). Pertenece a la Asociación de Teólogas Españolas (ate) y a la eswtr (European Society of  Women in Theological Research). Su tema de investigación versa sobre el Método teológico/teológico feminista desde la perspectiva de la teología ecofeminista latinoamericana.
 
 
 
   
 
 
 
   
 
 
  Legales   Ediciones Paulinas S.A. de C.V. México 2007