El documento “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia” (PD), producto de una profunda reflexión en torno al Instrumentum Laboris, es una muestra del compromiso que tiene la Iglesia católica por preservar y mantener firme su misión: hacer llegar la palabra de salvación a todos los rincones del mundo.
Este documento, rico en contenidos, exhorta a todas las personas comprometidas con la acción pastoral a mirar de frente el contexto actual, contemplando la necesidad de renovar los medios de transmisión del mensaje, que desde sus inicios ha estado en concordancia con la cultura humana: “el verbo de Dios debió expresarse en modo humano a través de palabras y gestos que se encuentran narrados en el Nuevo Testamento y especialmente en los evangelios. Se trata de un lenguaje del todo similar al usado por el hombre, excepto en el error” (Prefacio). Así, entendiendo la palabra en tanto medio que contiene una significación, ésta debe ser depurada de equívocos y contener la connotación específica. De ahí la importancia de la precisión e interpretación (hermenéutica) de la Sagrada Escritura: “la necesidad del primado que debe darse a la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, pero al mismo tiempo se exige el coraje y la creatividad de una pedagogía de la comunicación adaptada al tiempo presente (cultural, contextos de vida actuales, comunicación)” (PD, 3).
Viva y eficaz
En una época como la nuestra, en donde, por un lado, las palabras (y en general, el lenguaje) pierden la significación precisa, y por otro, la existencia de culturas y contextos de vida diversos e incluso contradictorios, la palabra debe ser acorde con los “tiempos modernos”. No se trata de un simple aggiornamento que responda a la modernidad, sino de sanar la modernidad misma desde la actualización del mensaje: “la palabra continúa alimentando la vida de generaciones en tiempos siempre nuevos y diversos” (PD, 15).
El problema fundamental visto desde la pastoral de la comunicación consiste en hacer que la Palabra de Dios se haga viva, eficaz y perenne en todos y cada uno de los creyentes mediante un lenguaje esencial y comprensible para ellos (cfr PD, 4b).
Tarea sustancial que debe reformular los medios con los cuales los agentes evangelizadores proclaman la salvación. Visto de este modo, el mensaje de salvación requiere de una comunicación que sea vivencial, significativo y comprensible para el hombre contemporáneo. Y si bien la comunicación contemporánea está caracterizada por la tecnología —en especial la electrónica—, el diálogo vivo no sólo es sustancial para la comprensión y proclamación de la Buena Nueva, sino necesaria e ineludible. Así, la actitud de escucha y la actitud de habla tienen como referente el mundo moderno, el cual incluye contextos y problemáticas propias, como la bioética y la inculturación. De ahí que el documento “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia” sea una invitación a renovar los modos para comunicar el mensaje en correlación con nuestra contemporaneidad: menos vinculada con la tradición oral o escrita y más con las tecnologías de la información y comunicación (cfr PD, 22).
Otras formas de comunicación
No está de más señalar el papel preponderante que tiene la palabra para la proclamación de la misma, no está de más insistir en el puesto esencial e ineludible del diálogo entre la comunidad eclesial. La palabra desde su forma oral o escrita y el diálogo, deben estar presentes en la misión evangelizadora de los agentes pastorales; y si bien son sustanciales, para la cultura de hoy son insuficientes. “Fuera de la liturgia [de la Palabra] son posibles formas de dramatización de la Palabra de Dios con la ayuda de escritos e imágenes y también de obras artísticamente decorosas como, por ejemplo, el teatro” (PD, 37 —la cursiva es nuestra—).
Hoy, más que nunca, es necesaria una reflexión en torno a los medios eficaces para hacer pastoralmente más adecuados y accesibles el mensaje; más aún, “operativamente, se han de tener presentes las formas de comunicación de la Palabra de Dios y al mismo tiempo las exigencias siempre nuevas de los fieles en las diversas edades y condiciones espirituales, culturales y sociales” (PD, 45). Hoy, más que nunca, la pastoral de la comunicación tiene un mayor desafío: recurrir a los medios de comunicación modernos sin detrimento del mensaje y enriqueciendo los contenidos mismos de los medios de comunicación social.
|