San Pablo y su influencia en la cultura occidental (IV parte)
San Pablo, Dr. Rafael González Beltrán, ssp
Conclusiones

“No es fácil entender a Pablo, pues es un hombre que escapa a los esquemas. En todo caso se puede osar a decir que es un hombre que ‘molesta’. Uno que no deja en paz, que te inquieta, que te destruye tus seguridades, porque te anuncia a alguien, una verdad que no es un sistema tranquilo de aceptar o rechazar, pues se trata de una persona, viviente, que le ha cambiado la vida y que te interpela y te interroga: quién eres, qué haces, cuál es el sentido de lo que eres y de lo que haces, cuál es tu esperanza”.

Por lo tanto Pablo es incómodo e inquietante. Así fue en el pasado y así es ahora. Es impresionante observar cómo todos los grandes momentos de renovación del cristianismo han sido momentos de descubrimiento de Pablo. La Carta a los Romanos de modo particular. Decía Paul Althaus, un gran teólogo evangélico, que las grandes eras de la historia del cristianismo son eras de la Carta a los Romanos. Pero mientras te incomoda, te abre horizontes sin límites, llenos de sentido y esperanza. En el fondo, Pablo es uno que nos dice que en la vida lo que cuenta no es agradar a los demás, quien busca agradar a los propios interlocutores realiza un trabajo de mercaderes (aunque trabajo respetable), Pablo no quería eso, pues si lo hubiera querido habría continuado en fabricar y vender tiendas. El trabajo de Pablo es el trabajo del testigo, y éste no busca agradar a los hombres sino agradar a Dios. Y en atención a su testimonio es rechazado y perseguido, pero al final podemos reconocer que la elocuencia de su vida y de su muerte es más fuerte. Su resistencia y sus dificultades cobran sentido con la coherencia de ser testigo, no comerciante.

En data imprecisa, don Alberione, predicaba a un grupo mixto de la Familia Paulina: “Él (Pablo) es uno de los santos que día a día rejuvenece y dominan y conquistan…”. “Todos los amigos de san Pablo deben mirar y conocer su espíritu. Cuanto más se leen y se penetran la Epístola de san Pablo y su vida, tanto más se ama y se entra en la verdadera santidad y en el verdadero espíritu del apostolado” (PR SP 206-261).

Si la Familla Paulina no estudia y no propone el evangelio al mundo con el método (cristológico y trinitario) de Pablo peligra en la insignificancia y la desaparición. Copia, malamente, el ministerio “pastoral” que es más que el de Pedro y descuida el propio apostolado a gentes, a los lejanos, a los que no conocen o rechazan a Jesucristo como el Señor.

La Familia Paulina tiene el deber de no olvidar a Pablo, así como el estudio y la lectura cotidiana, personificarlo para colaborar con él en la salvación del mundo.

“Para Él no hay diferencia de raza ni de cultura. Jesucristo ha muerto para liberar a la humanidad entera de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y venganza, de la esclavitud del pecado. La cruz nos hace hermanos”.

Muchos, incluso en nuestra época —aseguró—, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en Cristo crucificado; son muchos los que buscan un amor y una libertad que excluye a Dios, ellos creen que no lo necesitan.

El bimilenario del nacimiento de san Pablo será “una ocasión propicia para conocer y amar al apóstol de las gentes e intensificar nuestros esfuerzos ecuménicos”.

El Papa señaló que las palabras de san Pablo siguen resonando en los corazones de los hombres y mujeres de hoy, y pueden ayudar a nuestros contemporáneos a apreciar con mayor profundidad su dignidad humana, y por tanto, a promover el bien de toda la familia humana. El Año Paulino puede ser un catalizador que invite a la reflexión sobre la historia y estimule a volver a descubrir el tesoro inestimable de valores que han heredado de la sabiduría de la cultura helenística y del evangelio.
 
 
 
   
 
 
 
   
 
 
  Legales   Ediciones Paulinas S.A. de C.V. México 2007