¿Cómo convencer a un amigo y su fanmilia, de que h...

22 de Enero de 2008 1 Respuestas Biblia Por:
¿Cómo convencer a un amigo y su fanmilia, de que hacen mal en adorar a la "santa muerte"? Con fundamentos bíblcos, ya que se supone que son cristianos, pero andan mal. Gracias.

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Anónimo

Considero que la mejor forma de ayudar es la del testimonio de una vida coherente con la fe. Así que probablemente, encontrará muy difícil convencer a estas personas con argumentos, así sean éstos tomados de la misma Escritura. La muerte no es una persona, es un acontecimiento. Pero causa miedo y angustia cuando la fe no está bien robustecida. Al personificar ese acontecimiento como un ente o espíritu, lo que se está buscando de fondo es contentarlo, retrasar su venida a nuestra vida e incluso atribuyéndole ciertos poderes con los cuales puede salir uno beneficiado. Es un fenómeno religioso difícil de explicar, donde se han mezclado creencias y prácticas religiosas, dando lugar al fenómeno que ya conocemos. Sin embargo, nuestra fe nos dice que por encima de todo está Dios, que hemos sido salvados por Jesucristo y que el mal no tiene ningún poder sobre él. A continuación, transcribo algunos párrafos de un escrito que me pareció interesante sobre este tema, espero que le sirvan: El "culto a la santa muerte": superstición disfrazada de devoción popular Autor: Mayra Novelo La muerte es un fenómeno natural no una persona adorada como una “entidad espiritual” capaz de materializarse en una figura que concentra en sí la fuerza creadora y destructora del universo, no se ha caído en cuenta de la verdadera realidad que entraña. La muerte es un fenómeno natural como lo es el nacer o el desarrollarse y no una persona, como se ha hecho pasar. La muerte es la separación del alma y el cuerpo, no una entidad espiritual. Adoración y veneración Hay una distinción tácita en la praxis católica que, en el caso de esta forma de culto y devoción, no se aprecia y más bien se pierde. Adorar es reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido. Venerar es respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda. La adoración sólo es debida a Dios; la veneración corresponde a los santos y a las cosas de Dios. Además, los santos interceden ante Dios, a través de ellos obtenemos gracias y favores pero el único capaz de dar es Dios. La doctrina de la única mediación de Cristo (cfr. 1 Tim 2,5), que no excluye otras mediaciones subordinadas, las cuales se realizan y ejercen dentro de la absoluta mediación de Jesús, aquí sencillamente no se da. Es la “santa muerte”, por sí misma, la que concede favores aunque no esté justificada ni bíblica ni teológicamente la causa de su poder. La doctrina de la Iglesia y su Liturgia proponen a los Santos y Beatos, que contemplan ya "claramente a Dios uno y trino" como testigos históricos de la vocación universal a la santidad; ellos, fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba y testimonio de que Dios, en todos los tiempos y de todos los pueblos, en las más variadas condiciones socio-culturales y en los diversos estados de vida, llama a sus hijos a alcanzar la plenitud de la madurez en Cristo (cfr. Ef 4,13; Col 1,28); intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la tierra, porque los Santos, aunque participan de la bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y hermanas y acompañan su camino con la oración y protección; patronos de Iglesias locales, de las cuales con frecuencia fueron fundadores (san Eusebio de Vercelli) o Pastores ilustres (san Ambrosio de Milán); de naciones: apóstoles de su conversión a la fe cristiana (santo Tomás y san Bartolomé para la India), o expresión de su identidad nacional (san Patricio para Irlanda); de agrupaciones profesionales (san Omobono para los sastres); en circunstancias especiales – en el momento del parto (santa Ana, san Ramón Nonato), de la muerte (san José) – y para obtener gracias específicas (santa Lucía para la conservación de la vista), etc. Buscar el bien y no el mal Hablar de Dios es hacerlo del bien. Donde está el bien, es regla lógica, no está el mal. Del bien no procede el mal, al bien no le sigue el mal. (Amós 5,14-15). En el culto a la así llamada “santa muerte” se asegura que ésta puede alcanzar el mal. Más aún, los adeptos acuden a ella solicitándolo para aplicarlo a sus enemigos. Prescripción de dinero; los milagros no se cumplen por la cantidad dejada Otro de los hechos que llaman la atención es la errónea creencia de que a mayor cantidad de dinero ofrendado, mejores serán los resultados de los favores pedidos a la “santa muerte”. Es bueno recordar que la limosna es un signo del desprendimiento y de la responsabilidad con que se quiere ayudar a mantener dignos y en buen estado los lugares para el culto a Dios además de solventar las necesidades de los ministros del mismo. Pero no queda dicho que la limosna sea una prescripción para obtener un milagro. Menos aún, cuando lo pedido pretende el mal de otro. Sincretismo Es erróneo asociar el culto a la “santa muerte” con cualquier aspecto del catolicismo. Así, asociar el culto a la personificación de la muerte con el culto católico, es un error. Lo católico emana de la Revelación hecha por Dios a través de la Biblia, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia. No consta, ni en la Biblia, ni en la Tradición, y mucho menos en el Magisterio, la prescripción de un culto a la muerte personificada. En el año 2002, la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, ofreció un documento de sumo interés: “El directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones” (ver enlace). En el capítulo II, número 65, se recordaban algunos peligros que pueden desviar la piedad popular: “El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla: presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción del Espíritu divino; la desproporción entre la estima por el culto a los Santos y la conciencia de la centralidad absoluta de Jesucristo y de su misterio; el escaso contacto directo con la Sagrada Escritura; el distanciamiento respecto a la vida sacramental de la Iglesia; la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana; la concepción utilitarista de algunas formas de piedad; la utilización de "signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia hasta el punto de buscar lo espectacular"; el riesgo, en casos extremos, de "favorecer la entrada de las sectas y de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o la angustia".
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