Familia y Adicciones
 
01
MAY
2013
 
La adicción no implica sólo abstinencia
Autor: Carmen López Caballero  
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Para ser feliz y vivir alejado de la adicción, es necesario alcanzar la sobriedad, cortando las cabezas del dragón, la adicción y la ingobernabilidad emocional

 

 

¡Queridos Hermanos!

Hoy tengo el gran privilegio de dirigirme a ustedes a través de este medio, que nos permite ser uno en Dios y compartirnos.

 

Generalmente cuando conocemos o vemos a alguien que trae cargando una adicción, es muy fácil decir, ¿por qué no deja de tomar alcohol?, ¿por qué se droga?, ¿por qué pasa 40,000 horas en Internet o haciendo ejercicio?, etc. Siempre será muy fácil juzgar o cuestionar el por qué de lo que hacen nuestros hermanos con alguna adicción. A través de mi intervención, lo que quiero es generar en ustedes un poco de misericordia y comprensión hacia nuestros hermanos adictos, quienes en verdad nos necesitan mucho, ya que generalmente siempre son el eslabón más débil de la cadena, para tal efecto, les comparto el siguiente relato:

 

 

El príncipe y el dragón de dos cabezas

“Érase una vez, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, un príncipe perdidamente enamorado de una princesa. Por desgracia, ésta se encontraba cautiva en un castillo del que no podía salir pues estaba custodiado por un terrible dragón de dos cabezas que no permitía que nadie se acercara. Si algún osado se atrevía era atacado ferozmente por el monstruo que ya contaba muchas víctimas en su haber: la mayoría de las cuales habían muerto en combate,otros estaban presos en las mazmorras del castillo sin esperanzas de salir, y los que heridos y maltrechos habían logrado huir, padecieron por el resto de sus vidas de alguna invalidez o discapacidad, lo que les produjo un sufrimiento interminable, alejándose del bienestar y de la felicidad.

 

Pero nuestro príncipe era una persona decidida y audaz que sabía que lo único que le podía proporcionar felicidad era conquistar el amor de su amada princesa. Se propuso vencer al dragón, así que estudió todos sus movimientos y sus puntos débiles, y se armó hasta los dientes con una armadura que lo protegería de las llamas que emanaban del hocico de la bestia y una poderosa espada que derribaría su cabeza al primer golpe. Su caballo era rápido y ágil y estaba acostumbrado a estas luchas, en las que nuestro héroe solía vencer.

 

Así el arrojado príncipe llegó a las puertas del castillo e inmediatamente fue atacado por el terrible dragón para impedirle el paso. Con ágiles movimientos de su caballo, el príncipe logró eludir el ataque de la fiera. A su vez, tomó su espada y con gran fuerza y determinación cortó una de las cabezas. En el lance, el príncipe perdió su espada y tuvo que abandonar la lucha.

 

Cuando regresó al castillo, nuestro héroe quedó perplejo al observar que el dragón tenía sus dos cabezas. Por alguna razón incomprensible para el príncipe, el monstruo había logrado regenerar su cabeza perdida. El príncipe decidió volver al pueblo para pedir consejo y poder armar así una estrategia que le permitiera vencer al dragón.

 

Consultó con los sabios del pueblo quienes le dijeron que la única forma de poder vencer al dragón era cortar sus dos cabezas de un solo tajo, pues tenía la capacidad de regenerar la cabeza perdida siempre que conservara la otra. Sabedor de este secreto, el príncipe se armó con una espada mucho más grande y poderosa y guardó dos espadas más en la silla de su caballo por si llegaba a necesitarlas.

 

La pelea fue feroz: el monstruo atacaba con todo su poder; enormes llamas salían de su boca y pegaba fuertes aletazos sobre el caballo que cayó en dos ocasiones, pero logró reponerse inmediatamente. El príncipe aprovechó para tomar otra espada y con un certero golpe sobre el cuello cortó las dos cabezas: el dragón había muerto. El príncipe entró en el castillo y liberó a la bella princesa con quien se casó y vivieron felices por muchos años.

 

 

Para entender el cuento

Este cuento que termina como la mayoría de los cuentos infantiles: con el triunfo del bien sobre el mal y el logro de la eterna felicidad, representa la lucha que tiene que emprender un alcohólico o cualquier otro adicto para poder alcanzar la sobriedad.

 

El príncipe, representa al enfermo alcohólico o adicto que quiere recuperarse.

 

El dragón, es la adicción, la cual tiene una dualidad: está representada por las dos cabezas del dragón, la primera cabeza es la “cabeza adictiva”, la segunda es la “cabeza neurótica”. La cabeza adictiva representa la ingobernabilidad del adicto ante la adicción, la cabeza neurótica representa la ingobernabilidad del adicto ante sus sentimientos y emociones. Las dos cabezas del dragón: la adicción y la ingobernabilidad emocional están impidiendo que el adicto pueda entrar a la sobriedad.

 

La princesa, representa lo que todo adicto aspira en su recuperación: la felicidad.

 

El castillo, representa la sobriedad.

 

Las espadas, del príncipe representan la determinación, la disciplina y la actitud positiva del adicto que quiere recuperarse y alcanzar la felicidad.

 

 

Una breve interpretación

 

Sin la cabeza adictiva

Algunos adictos acumulan abstinencia, pero no alcanzan la sobriedad. La cabeza neurótica ha quedado viva y se encargará de regenerar la cabeza adictiva y la recaída no se hará esperar.

 

Sin la cabeza emocional

Otros, en cambio, no aceptan su adicción y no quieren saber nada de ayuda o grupos de ayuda. Piensan que sólo tienen problemas emocionales y que cuando los resuelvan podrán eliminar sus adicciones. Este tipo de individuos son los que van al psicólogo, al psiquiatra o al psicoanalista, pero continúan con sus adicciones. Al mantenerse viva la cabeza adictiva provocará que la neurosis reaparezca y que su adicción se agrave.

 

 

Puntos a recordar:

Nada puede conseguirse si el adicto no tiene conciencia de su enfermedad. Este es el primer punto que debe tenerse en mente. Generar conciencia en él, así como en su núcleo más cercano, es el primer paso, sin éste no hay poder humano que pueda lograr algún cambio.

 

Si eres adicto o tienes un familiar adicto, te recuerdo que solos no podrán contra esta importante lucha, necesitan buscar ayuda con profesionales.

 

Cuando tienes una adicción no basta con dejar de consumirla, o hacerla a un lado, forzosamente tienes que trabajar en las raíces que generaron tu adicción, ya que de otra forma, tarde o temprano, terminarás sustituyendo la adicción por algo igual de nocivo.

 

Tener una adicción no es el fin del mundo, incluso es el inicio de un mundo nuevo cuando decides tomar el timón de tu vida entre tus manos, cuando decides en realidad ser feliz, libre y responsable de ti y de tu vida.

 

 

En conclusión

Para alcanzar la felicidad hay que luchar muy duro. Luchar contra la ingobernabilidad ante el consumo de los elementos adictivos (alcohol, droga, etc.) y contra la ingobernabilidad emocional. Hay que decir: “Sí a la Vida... a pesar de todo”. Tengamos en cuenta que la vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia y aunque en ocasiones pareciera nublarse, jamás significa que haya dejado de existir. La vida no puede carecer de sentido (ya que la vida es sentido) y con Dios de nuestro lado, nada puede detenernos.

 

Espero que con estas palabras haya logrado clarificar por lo que pasan nuestros hermanos con alguna adicción, asimismo generar la suficiente conciencia en ustedes para no abandonarlos en el camino y estar con ellos hombro con hombro y lograr como decía Nietzsche:

 

“Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

 

 

 

 

 

Bibliografía:

José Antonio Elizondo López, El Síndrome de la Borrachera Seca. Editorial Liber@ddictus. 2ª impresión. México.

 
 
 
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