Carta del mes
 
29
AGO
2011
 
Quiero permanecer con mi esposo aunque él no me ama
Autor: Padre Emmanuel  
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A quien me pueda contestar:

Esta es mi historia. Hace casi diez años me casé. Mi noviazgo fue lindo y mi novio era muy atento; pero cuando me casé todo cambió, como esposo se manifestó frío y desatento. Por el cambio radical yo caí en depresión y comencé a hacerme daño; dejé de comer y empecé a perder peso; comencé a tomar pastillas antidepresivas, sólo quería dormir. Sentía que necesitaba el amor de mi esposo. Él comenzó a llegar tarde y tomado sin siquiera saludar; yo lo corrí de la casa pero él llegaba al siguiente día. Debido a mi bajo peso me faltaban hormonas y yo no podía tener hijos; pero Dios sabe cómo y cuándo hacer las cosas y al poco tiempo me mandó un hijo que fue como un milagro para mí, todo cambió para mí y luché por él. Para mi esposo las cosas seguían igual, nada ni nadie le importaba.

Pasó un año de la llegada de mi hijo y entré a trabajar. A la fecha llevo siete años trabajando. Hace tres años conocí en mi trabajo a un hombre que me ha dado cariño y atención, lo que yo buscaba en mi esposo, y fui infiel. Lamentablemente se trata de un hombre casado que ha sufrido de la misma manera; a pesar de eso no hemos querido hacer daño; yo no dejaría a mi esposo, y además por mi hijo, y por mis valores y principios, pues mis padres me enseñaron que el matrimonio es para toda la vida, y así lo veo. Ahora me encomiendo a Dios y quisiera olvidar a esa persona con la que fui infiel, pero me es tan difícil pues está en el mismo trabajo y somos compañeros. Tampoco puedo dejar mi trabajo pues tenemos muchos compromisos mi esposo y yo. Además yo busco un bebé con mi esposo desde hace tiempo y no se ha logrado, fui al doctor y al parecer tengo quistes. Pero mi esposo tampoco piensa en luchar por otro hijo y eso también me deprime.

Padre, ayúdeme, quiero vivir en paz y quiero sacarme ese amor que ya quiero dejar aunque me duele y más porque trabajamos juntos pero yo sólo quiero amar a mi esposo. Por favor deme un buen consejo, ya que le pido a Dios que me dé paciencia para aceptar a mi esposo aunque no me sienta amada por él, pero a la vez quiero olvidarme de esa persona y le pido a Dios que me arranque este sentimiento hacia una persona equivocada.

Gracias. Anónima.

Estimada Lectora:

Cada una de las cartas que llegan a esta Revista nos merecen toda la atención del caso y la tuya así será considerada. Gracias sinceras por enviárnosla. Imagínate, si recién casada se te derrumbó el fantástico mundo que dices haber vivido en tu noviazgo, ¡aguantaste ya diez años con ese derrumbamiento encima! No quiero ser irónico pero permíteme preguntarte ¿cuánto tiempo más resistirás sin poner remedio a esta penosa situación? Dices que del novio atento que era pasó a ser un esposo frío y desatento que comenzó a tomar y a llegar tarde, sin dirigir siquiera la mirada a ese “bulto” que eras tú. Desde los inicios de tu matrimonio él no te ha apoyado y al parecer nunca le has interesado: ¿qué tipo de persona es él? Mientras fueron novios no llegaste a conocerlo de modo suficiente, pero ahora, ¿qué piensas? Dicen que una cucarachita o cualquier otro bicho, si se acerca a un comal caliente el fuego, el calor y el peligro le hacen salir huyendo. Pero si el bicho está dentro del comal y le enciendes el fuego muy bajito y le vas subiendo lentamente, el bicho no alcanza a registrar el cambio como peligroso y puede perecer achicharrado. Sea o no verdadero este dato, lo cierto es que a los humanos nos puede pasar algo semejante: podemos acostumbrarnos a las situaciones indeseables al grado que cuando por fin queremos salir huyendo tal vez sea demasiado tarde. Creo que aunque ya aguantaste un buen tiempo, no por ello hay que dejar de luchar y salvar lo salvable. La situación que vives ahora no surgió de pronto ni de la nada; hubo una serie de claros indicadores de que las cosas no estaban funcionando y entonces tenías que haber tomado medidas tan drásticas como la situación misma lo iba requiriendo. De hecho estás en el punto en que debes buscar solución al problema.


El castigarte a ti misma dejando de comer sólo a ti te afectó, pues él pareció ni siquiera darse cuenta.El refugiarte en el embarazo y en el bebé para ti fue alivio, pero en nada ayudó a remediar la situación como para generar un cambio significativo en él y en la vida de pareja.
Al haber aceptado la infidelidad, además de haber cometido un abuso precisamente contra tu fe y contra las promesas del matrimonio, resultó ser un elemento más de sufrimiento en tu vida ya de por sí deshecha. La infidelidad nunca será una opción para que un católico arregle sus problemas de matrimonio. El cuadro se empeora cuando vemos que el hombre es un casado y entonces se da el adulterio. Como puedes ver, el problema no es sólo tu pareja; tú también has contribuido con tus “tolerancias”, que son más bien debilidad y miedo para enfrentar aquello que estaba agrediendo tu matrimonio y lamentablemente tú has elegido respuestas o actitudes que nada tienen que ver ni con la pareja ni con el matrimonio. Es tiempo de que concentres tu atención en ti, en tu pareja y en el matrimonio.


Comienza por entender que así como los problemas se fueron dando poco a poco, así también generar el amor, la comunicación y el compartir la vida en el matrimonio es algo que tiene que ir sucediendo en la realidad poco a poco. Tratándose de las cosas positivas hay que diseñarlas (pensarlas, desearlas, acomodar los elementos necesarios) para que se den.


En un primer momento idealizaste al hombre que elegiste como pareja, pero él es, como tú, alguien de carne y hueso con todas sus flaquezas y algunas fortalezas que ha de tener. Si se hace el balance e inicialmente se condesciende con una actitud de aceptación, no por ello debe faltar honestidad para hablar o hacer sentir que la conducta de la pareja no nos parece ni positiva ni benéfica. La comunicación en la pareja puede ser más o menos difícil, pero resulta fundamental para la vida de la misma. Comunicar no quiere decir solamente saludarse o hacer comentarios sobre el clima; quiere decir intercambiar puntos de vista sobre las situaciones de vida que afectan a la pareja y a la familia y llegar a acuerdos.


¿Qué te sugiero ahora mismo? Que te armes de valor y con paciencia, con caridad pero con mucha sinceridad, le hagas saber a tu esposo que así las cosas no están resultando y que si no cambian no podrán continuar (de hecho la situación los tiene muy rebasados a los dos). La pastoral familiar y la consejería matrimonial nos aconsejan que cuando los esposos se humillan y se hacen daño y no están poniendo de su parte para cambiar la relación dañada o “enfermiza”, es mejor que se tomen un tiempo (separación temporal). Si después de este tiempo no hay ningún intento, o sí lo hay pero no se llega a resultados positivos, se podría pensar entonces en acudir a la oficialía de matrimonio para solicitar la revisión de su caso. Cuando uno de la pareja no comparte, no atiende sino que ignora o descuida al otro y hasta lo maltrata física y emocionalmente, no es hábil para el matrimonio. ¡Cuidado!, una persona que se deja maltratar de manera vergonzosa tampoco está lista para una relación de pareja, de entrada es codependiente. Sus inseguridades y carencias la llevan a “atarse” a otra persona, pensando que con ello está resolviendo su propia vida. Tal vez puedes pensar tantas cosas como que te vas a quedar sola, que los hijos van a sentir la ausencia, incluso te puedes preguntar sobre quién va a dar el gasto, pero eso amerita alguna consideración. De hecho estás viviendo peor que si estuvieras sola pues no estás sola y esperas mañana tras mañana que las cosas cambien; como dices “sentía que necesitaba el amor de mi esposo”; en cuanto a los hijos sufren más cuando ven las humillaciones que se hacen sus padres que si no estuvieran con ellos; es verdad ellos quieren tener cerca a los dos y de hecho los necesitan, pero no a cualquier precio; y con respecto al gasto vemos cómo tantas mujeres son tan valientes y efectivas para sacar adelante solas su hogar. Por cierto, si en verdad estás pensando en tener otro hijo con tu esposo como si ello ayudara en algo, te equivocas. Ya viste que el primero no le importó, ¿para qué otro hijo entonces? Entendemos que los planteamientos pueden ser múltiples a favor de que la pareja resista y salve su matrimonio, pero también hay que pensar en la dignidad de la persona, en la salud de la pareja y de la familia. Cuando un miembro de la pareja es interpelado una y otra vez y no responde, ¿tiene caso seguir insistiendo? Tu esposo y tú necesitan apoyo profesional y desde luego fortalecer la fe para orar intensamente. La única que puede tomar una opción eres tú. Pero no lo podrás hacer de manera acertada si antes no oras profundamente a Dios y si no te haces aconsejar del director de pastoral familiar o de algún orientador u orientadora de parejas en tu parroquia, ojalá fuera tu mismo pastor de almas, el párroco. En La Familia Cristiana te encomendamos sincera y humildemente a Dios.


Padre Emmanuel (Paulinos de México).

 
 
 
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