Preguntas a una Teóloga
 
01
AGO
2012
 
¿Qué pasa con el alma de los niños que han sido abortados?
Autor: Arlae Gámez  
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Reflexión sobre el limbo y la salvación

 

Estimado Francisco:

Por la fe creemos y sabemos que están en la presencia de Dios, pues Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 4).

 

Con esta respuesta tal vez podrías preguntar nuevamente ¿por qué se salvan si no están bautizados?

 

Para contestar esta pregunta hay algunas cosas que es adecuado aclarar, la primera de ellas es que la Escritura no trata expresamente sobre la situación de quienes mueren sin haber sido bautizados. Esto no es de su preocupación.

 

La segunda, hay elementos en la tradición, por ejemplo el II Concilio de Lyon (1274) y el Concilio de Florencia (1438-45) que explícitamente definen que aquellos que mueren con “sólo el pecado original” no alcanzan el cielo. Ese parecería ser el caso exacto de los niños muertos sin bautizar.

 

En tercer lugar, hay una doctrina que es la del limbo. Si bien esta doctrina nunca ha sido definida dogmáticamente sí ha tenido un lugar importante en la enseñanza de la Iglesia, quizá por ser la respuesta de la “escolástica” (con Santo Tomás a la cabeza) a este problema.

 

En la actualidad esta doctrina del limbo ha quedado totalmente clausurada, así lo muestra el documento “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin Bautismo” del 19 de Abril del 2007 (núm. 26, 40, 70), basándose primero en que el limbo nunca fue declarado como dogma de fe, ni como algo definitivo; y en segundo lugar tomando como base el “magisterio” posconciliar de la Gaudium et Spes núm. 22 del Vaticano II, que nos reafirma que Cristo resucitó, con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abbá!, ¡Padre!

 

 

¿De qué salvación hablamos?

Al principio decíamos que Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. ¿Qué quiere decir esto? ¿En qué consiste la salvación?

 

Jesucristo con su vida, muerte y resurrección nos mostró que Él es el ser humano plenamente realizado, el modelo, el paradigma de la humanidad nueva (cfr. Rm 5, 12). Jesús es el ser humano que se ha compartido con todos. Jesús es el hombre universal, abierto y relacionado con todos, nunca excluyó ni excluye a nadie. Jesús es el ser humano totalmente solidario. Solidario hasta la entrega de la propia vida con el objeto de levantar a los caídos, de liberar a los oprimidos, de abrir los ojos de los ciegos. Precisamente en esta solidaridad única y plenamente humana se revela su ser, el Mesías esperado largamente, el Salvador de la humanidad, porque al vivir su ser de hombre de una manera radicalmente diferente abrió la posibilidad de que todos los seres humanos podamos vivir nuestra propia humanidad de un modo diferente, así como Él en la autoentrega mutua con su Padre y con los más pobres.

 

En su autoentrega nos mostró también quién es Dios: Dios es el que resucita a sus hijas/ os, es el Dios que, más allá de todo juicio humano, es capaz de darle el abrazo de la reconciliación al hijo que se había marchado lejos de su casa (Lc 15, 11-32). Es el Dios que no juzga, sino que perdona gratuitamente.

 

Es el Dios de la vida. Es el Dios al que Jesús había llamado su Abbá y se manifiesta como Amor: “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). “El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo único como víctima por nuestros pecados” (1Jn 4, 10).

 

 

Como conclusión y como tarea

Como puedes ver Francisco, encontramos diferentes respuestas que a lo largo del tiempo se han ido elaborando para responder a situaciones concretas. Y a la vez muestran nuestra comprensión de Dios en Jesucristo por el Espíritu como Buena Nueva en todo momento. Es por ello que te invito a vivir la salvación como la progresión de nuestra verdadera humanidad, tal y como Jesús lo hizo.

 

Por otro lado, convendría que al preguntarnos por el “alma de los niños abortados”, también nos preguntáramos ¿quién es el ser humano? ¿En qué momento inicia la vida? ¿La vida es sólo un compuesto de tejidos? O tal vez ¿por qué pasa esto? ¿Qué condicionamientos sociales: pobreza, enfermedad, violencia, etc., orillan a tomar este tipo de decisión?

 

 

Bibliografía

Parra Sánchez, Tomás, Cultura Bíblica, Cuadernos pastorales, 10.

García Chavarín, Daniel, Apuntes de Teología Fundamental.

Biblia de Jerusalén.

 

 

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