Familia y Adicciones
 
01
JUL
2012
 
¿Cómo ayudar a un alcohólico? El camino que debe seguir quien convive con un alcohólico
Autor: Salvador Ramírez Martínez  
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Ser familiar o amigo de una persona alcohólica no es fácil. Quienes conviven con el enfermo suelen sufrir situaciones emocionales muy difíciles. La vida de los familiares se convierte en un tormento permanente mientras no se busquen las soluciones al problema

Debido al lazo afectivo que se tiene con el alcohólico, se oscila entre el deseo de ayudarlo y una constante molestia hacia él o hacia la enfermedad. El familiar desearía que los esfuerzos que realizan fueran suficientes para que el otro deje de tomar, pero en la mayoría de los casos esto no sucede.


¿Cómo no se le ayuda?
En la búsqueda por encontrar la recuperación, también suelen cometerse algunos errores que en lugar de mejorar, empeoran la situación:

Castigar, amenazarlo o tratar de chantajear al enfermo.
Ocultar el problema y solaparlo.
Mentir o asumir las responsabilidades que, por el alcohol, el enfermo ha desatendido.
Beber con el enfermo, pensando que así no correrá más peligro en la calle o para hacerlo sentir culpable de que el familiar también se intoxique.
Esconderle la bebida.
Realizar prácticas devocionales con búsqueda de un resultado “mágico”, como hacer mandas, novenas, visitar a curanderos, realizar “limpias”, llevarlo a “jurar”, etc.
Internarlos, contra su voluntad, en centros de tratamiento.
Relegarlos del círculo familiar, “esconderlos”, negarlos.
Probar con medicamentos, yerbas o pócimas mágicas.


Primero yo
En las instrucciones de seguridad en los aviones se indica a los pasajeros que, si van acompañados de un menor, en caso de una emergencia, el primero en ponerse la mascarilla del oxígeno es el adulto y luego éste ayudará al pequeño. El pensamiento “normal” indicaría que primero hay que atender al menor, pero no es así. Puede parecer un acto injusto o egoísta, sin embargo, si el adulto está bien, estará en condiciones de ayudar al menor.

Esto mismo se debe aplicar en el caso de convivir con un enfermo de alcoholismo. Primero se debe ver por el bienestar personal en todos los sentidos: emocional, físico, espiritual, económico... Sólo así se podrá ayudar al adicto. Tratar de ayudarlo mientras se descuida uno mismo, lo único que provocará será el declive del familiar y muy probablemente también del enfermo.

Es imposible que la curación llegue al enfermo desde fuera. Lo que sí se puede hacer es tratar de hacer consciente al adicto de que tiene un problema. Sólo cuando lo reconozca y esté dispuesto a hacer algo por sí mismo, estará en condiciones de encontrar la sobriedad.
Mientras tanto, toda la energía y recursos que se utilicen serán en vano. Es mejor invertir esa energía y esos recursos en uno mismo, en encontrar el camino de la propia recuperación.


Oración por un alcohólico

Padre mío, hoy pido tu auxilio divino por la vida de __________, para que lo libres de la enfermedad del alcoholismo. Te pido amado Jesús, que con el poder de tu preciosísima sangre, pases sanando y liberando de toda atadura de alcoholismo la vida de __________ y la vida de toda su familia y sus antepasados.

Padre Santo, en el Nombre de Jesús, te pido que envíes la luz de tu Santo Espíritu sobre __________ y le des la luz para que reconozca que sólo en ti puede encontrar el control de su enfermedad. Envía la presencia de su Ángel de la guarda para que tenga fuerza y dominio propio para vencer toda tentación.

Te pido que borres con tu amor la cadena de destrucción que se había instalado en su vida y en la de su familia y amigos.

Gracias Padre, porque tu misericordia infinita sana los corazones y sé que estás sanando ya la vida de __________.

Amén.


¿Qué podemos hacer?

Reconocer que se tiene un problema y que uno solo (o la familia) no es capaz por sí misma de salir adelante. Reconocerlo es un proceso difícil, se requiere valentía.
Pedir ayuda. Las adicciones no son una gripa que se quita auto medicándose. Se requiere ayuda profesional externa y ésta se encuentra, como ya vimos los meses pasados, en instituciones como Alcohólicos Anónimos (AA) o Al-Anon y Alateen. Se necesita valor, humildad y constancia para dejarse ayudar.
Es difícil que el enfermo acepte ayuda de familiares o amigos. Es más fácil que la ayuda provenga del exterior. Busque a alguien de confianza y que conozca del problema y las soluciones para que se acerque al adicto.
La primera y principal ayuda que puede ofrecer alguien al alcohólico, es ubicarlo en su realidad, que se le ofrezca una visión realista de sí mismo, de su enfermedad, pero también de sus potenciales y riquezas, de su entorno y sus posibilidades.
Conozca la enfermedad. Si se conoce al enemigo, es más fácil que pueda luchar contra él. Infórmese, documéntese, investigue sobre las causas, los síntomas y el tratamiento.
Rompa el caparazón. No deje que la enfermedad del familiar limite su vida social o familiar. Siga con su vida normal. Viva su vida: sólo hay una.
Limítele los recursos y ponga límites. El alcohólico es un experto manipulador y chantajista. Buscará por todos los medios obtener alcohol. No caiga en el juego.
No lo compadezca. El alcohólico es un enfermo, que tiene los recursos para salir adelante. Si lo compadece, le estará ayudando a verse a sí mismo como un inútil.
No se sienta culpable. Es común que el mismo enfermo haga sentir al familiar o amigo que éste es culpable de su enfermedad. Otras veces, uno mismo se culpa. Recordemos que es una enfermedad: nadie tiene la culpa de contraerla, pero sólo el enfermo tiene la responsabilidad y la capacidad de salir adelante.
Pida a Dios por él. Sólo Dios puede entrar a lo profundo del alma y hacer que los cambios se den. Recuerde también que la oración no sustituye el esfuerzo del enfermo por recuperarse, ni la determinación de los familiares por vivir su vida en libertad.


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Leónidas Silva Tonico, Alcoholismo. Cómo entenderlo y ayudar a superarlo, Paulinas, México.
Dr. Ernesto Lammoglia, Las familias alcohólicas. ¿Hay un alcohólico en casa? Editorial Debolsillo.
 
 
 
 
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