Publicacion Mensual  
Año 58, No. 9, Septiembre de 2010
 
 
     
 
   
 
   
 
 
 
   
     
 
  Editorial
Somos corresponsables de la independencia mexicana.
  Carta del mes
Desde que nació nuestro bebé, mi esposo me rechaza
  Entrevista
Eduardo Gallo, nuevo Presidente de México Unido Contra la Delincuencia
  En lo que mexico cree...
Nuestra Señora de San Juan del Valle, Texas
  Especial
El camino que cambia tu vida
  Cine y videos
Wall Street: Money Never Sleeps
 
 
 

Especial

La gratitud, entre palabras y acciones

Por: Éricka Castellanos Moreno

 

¿Te ha pasado que no sabes cómo agradecer a alguien un favor o un regalo? Hagas lo que hagas, digas lo que digas, parece que no alcanza para expresar lo que se siente, y queda esa “cosquillita” de no estar correspondiendo debidamente lo recibido.

Como mujer de letras reconozco el valor y el poder de las palabras; cada una con su sentido específico, cada una con su riqueza de significados. Sin embargo, sé también que hay ciertas cosas que no pueden ser abarcadas del todo por una palabra o una sucesión de ellas.

La gratitud es uno de esos conceptos que se escapan al influjo de la lengua. Puede uno decir todo o intentarlo al menos: el motivo, los medios, la finalidad del agradecimiento; puede ir más allá y complementarlo con un obsequio tan exclusivo, tan grande, tan exacto como las circunstancias lo permitan. Y de todas maneras queda algo que no se dice, algo que no se expresa porque la gratitud en sí misma es inexpresable.

Economía y sencillez

Los romanos antiguos decían Gratias tibi ago! En latín, el verbo ago tiene varios sentidos, entre ellos el de “llevar”, “empujar” o “hacer” y en combinación con el sustantivo gratias toma el sentido de dar las gracias o desearlas, como si la intención fuera el primer paso para llevarlas o hacer que lleguen al destinatario. “Dar” gracias en el sentido de “desear” gracias: desear, pidiéndole al numen divino, que colme de gracias (o dones que es al fin su significado) a esa persona de la que hemos recibido un bien.

La expresión completa entonces es “dar las gracias”, pero como la lengua tiende a la sencillez y a la economía (hasta en eso hay que ser ahorrativos…) ya sólo usamos un acortamiento: “gracias”, que se queda con todo el sentido de la frase completa.

Similar y distinta a la vez al significado original de nuestro “gracias”, es la frase que se usa en la lengua indonesia para expresar gratitud. Ellos dicen Terima kasih que literalmente quiere decir: “Recibe mi amor” y para responder dicen: Kembali kasih que significa “te regreso o correspondo el amor”. ¡Qué interesante!, ¿verdad? Un acto dialógico sin duda: la gratitud y el amor como respuesta, incluso como necesidad ante lo que se ha recibido.

Gratitud excesiva

Pero pensemos ahora cómo responde nuestra lengua a este deseo implícito en la expresión “gracias”. Como hispanohablantes latinoamericanos decimos “de nada”, o “no hay de o por qué”, como disculpando al otro del sentimiento de gratitud, o como decimos coloquialmente, como “si no fuera para tanto”. Lo que me lleva a recordar un fragmento de una genial escritora de origen belga que nació en Japón, cultura en la que vivió su infancia.

Dice Amélie Nothomb en Metafísica de los tubos:

Comprendí que me estaba ahogando… Veía una playa que me parecía lejana, mis padres durmiendo la siesta y varias personas mirándome sin moverse, fieles al viejo principio nipón de jamás salvarle la vida a nadie, ya que eso implicaría obligarle a una gratitud excesiva para él.

Una gratitud excesiva… ¿Cómo crees que sea eso?, ¿la gratitud podrá llegar a ser excesiva?

Si hiciera un recuento de todas las personas hacia las que siento gratitud, la lista sería muy larga. Gratitud por una palabra, una sonrisa, una mano dada (literal o metafóricamente) en el momento indicado, en el menos esperado. Un silencio, un abrazo, un regaño… todo aquello que me ha ido forjando cotidianamente.

A nuestros padres, hijos, hermanos, amigos, a nuestra pareja o a Dios… Piensa conmigo, querido lector, ¿qué le agradeces a cada uno de ellos? No te preocupes, no hay prisa. Reflexiónalo con calma.

Lo que recibimos

Una de las maneras de agradecer lo que recibimos es aprovechándolo y compartiéndolo. La vida misma es un gran don y cada día es una nueva oportunidad de agradecer.

Si bien, a veces las palabras no bastan para expresar nuestra gratitud, lo realmente importante es que nunca dejemos de experimentarla; pues, sin duda, reconocer el valor de lo que recibimos de otros nos engrandece como seres humanos.

 

La Familia Cristiana - Septiembre 2010