Publicacion Mensual  
Año 58, No. 9, Septiembre de 2010
 
 
     
 
   
 
   
 
 
 
   
     
 
  Editorial
Somos corresponsables de la independencia mexicana.
  Carta del mes
Desde que nació nuestro bebé, mi esposo me rechaza
  Entrevista
Eduardo Gallo, nuevo Presidente de México Unido Contra la Delincuencia
  En lo que mexico cree...
Nuestra Señora de San Juan del Valle, Texas
  Especial
El camino que cambia tu vida
  Cine y videos
Wall Street: Money Never Sleeps
 
 
 

Editorial

Un enemigo solapado, pero despiadado


 

“El alcoholismo es un problema de salud pública en México, incluso superior a la influenza”, dijo José Ángel Córdova, Secretario de Salud (25-IX-2009). Indicó también que el 26.6% de los mexicanos es bebedor de alto riesgo. En la cifra van incluidos quienes consumen alcohol diariamente y quienes lo hacen de manera eventual pero en exceso, es decir de 5 a 20 copas por ocasión.

El Secretario de Salud lamentó también que la sociedad mexicana mantenga una actitud permisiva frente al consumo de sustancias adictivas legales como el tabaco y el alcohol, lo cual, advirtió, es un camino para que los jóvenes accedan a sustancias ilícitas: “el consumo temprano del tabaco y el alcohol eleva 13 veces más el riesgo de un niño a tener contacto con una droga ilegal”.

La situación es más dramática y extendida de lo que se piensa. Debemos darnos cuenta de que el alcohol, según lo afirma el Secretario de Salud, casi nunca viene separado de otras drogas como la mariguana, la cocaína o las drogas sintéticas. Una práctica común entre los jóvenes es mezclarlas para obtener el mismo efecto: un sentido de euforia que hace aparecer la vida excitante y que muchas veces sirve sólo para esconder una profunda depresión. Una de las causas de esta depresión es la incapacidad de los adultos para decir con claridad aquello que está bien y aquello que está mal. Aunque sea sólo a nivel simbólico, las normas y las relativas sanciones desarrollan una función educativa.

Adultos que renuncian a su rol de educadores, que permiten todo para evitar conflictos; pero la confrontación, aunque sea ríspida, tiene una función positiva, porque libera en el adolescente la energía necesaria para la maduración de su personalidad.

Jóvenes con identidad frágil, que escapan de las responsabilidades y que se sienten galanes, fuertes, brillantes sólo cuando condividen con otros compañeros una “chela”, muchas veces comparten también el “carrujo”. Esto no significa que el alcohol venga consumido sólo en grupos. En la depresión hay siempre un aspecto coactivo: bebo, porque de otra manera “no la hago”. Tantos adolescentes esconden la botella abajo de la cama y beben antes de ir a la escuela. Los padres, en la mayoría de los casos, lo saben pero fingen no darse cuenta.

No creemos que el problema se reduzca a prohibir o no prohibir. El problema viene de más lejos, y sobre todo es problema de los adultos. Se necesitan padres de familia que sean enérgicos y coherentes, que vuelvan a tomar su principal misión: educar a sus hijos. ¿Podemos hacerlo? ¡Por supuesto que sí!

 

La Familia Cristiana - Septiembre 2010